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Mostrando entradas de noviembre, 2020

Un día más de confinamiento

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    Los días se suceden lentamente uno tras otro durante el confinamiento. Me levanto temprano, hago una rutina de movimientos y enseguida me pongo a escribir. Hay días, como hoy, que no se me ocurre nada que contar, que me parece que no pasa nada nuevo, que me falta imaginación, que dudo de por qué me esfuerzo en hacerlo y sin embargo, me ilusiona de alguna manera poder ser constante y no dejarlo. Y un simple día tranquilo, como cualquier otro, no deja de estar salpicado por pequeños momentos únicos que merecen también ser escritos y rememorados. A eso de las ocho empieza a clarear. Si está un poco despejado, como hoy, las nubes se tiñen de rosa con los primeros rayos de sol y todo el cielo tiene un color pastel que contrasta con las sombras de los árboles y las casas. Ahora me doy cuenta de que lo que me sorprende de la imagen es que no hay luces. En el campo, a eso de las once de la noche se apagan todas las luces de los municipios, la noche es realmente oscura y la salida ...

Noche de insomnio

Desde hace semanas que no duermo bien, hay noches mejores que otras y la de ayer fue particularmente mala. Me había levantado temprano, tuve un día bastante ocupado, tejí mucho, escribí, salimos a dar una vuelta, fui al mercado... pero parece que para mi cuerpo no fue suficiente. Sabri se acostó sobre las ocho, porque hoy empezaba su nuevo trabajo, y yo me quedé sola en el living pensando en comenzar a relajarme para irme a la cama tranquila. Estuve tejiendo un rato largo, escribí un poco y después apagué todo dispositivo electrónico, para despejar la mente y me acosté en el sillón, bien cómoda, a leer mi libro (voy por Harry Potter 5). Pasadas las diez decidí irme a la cama. No tenía mucho sueño, pero había bostezado un par de veces y estaba relajada. Me puse los tapones en las orejas, nueva técnica para intentar mejorar mi sueño. Creo que nada más acostarme empezó la pesadilla. Primero me costó dormirme, di un par de vueltas en la cama, intenté liberar la mente, que no estaba muy ocu...

Las marcas de las manos en la ropa

  Hoy pensé en mi abuela. La abuela Luisa, la mamá de mi mamá.  Me encanta cuando me doy cuenta de algo que puede parecer insignificante me hace pensar en una persona.  Hoy por ejemplo, pensé en mi abuela cuando estaba en la cocina lavando los platos y me sequé las manos en la ropa, en la parte de atrás del pantalón.  En mi casa, con tantos hermanos, tanta gente, los repasadores secos siempre eran escasos. Yo me acostumbré, mientras cocinaba, a secarme las manos en el pantalón o en la remera. A mi abuela parece que le horrorizaba. Cuando me veía la ropa mojada o con marcas de harina, me decía con resignación "¡ya te limpiaste en la ropa!". A veces me veía y se quejaba "esta chica, siempre con la ropa mojada!". Había veces que me daba vuelta y ya la tenía detrás, acercándose con su paso tambaleante, con un repasador en la mano "tomá, tomá", contenta de haber previsto la catástrofe, de haberla impedido por una vez. "No es nada abuela, es solo a...

La vuelta de Chelun

El domingo pasado, cuando salimos a dar el paseo diario para estirar las piernas, a Sabri se le ocurrió que si queríamos podríamos hacer toda la vuelta por Chelun, para alterar nuestra rutina y proponernos algo un poco más exigente en estos días en los que no podemos ir muy lejos. Significa caminar por la ruta, algo que en general no hacemos, pero pensamos que con el confinamiento seguramente habría menos tráfico.  Una vez que tiene una idea así enseguida la quiere llevar a la práctica (Sabri no sabe procrastinar) así que al otro día, mientras desayunábamos me dijo "Hoy podríamos hacer la vuelta de Chelun..." A mí me asustó un poco, me parecía que era lejísimos para caminar y últimamente estoy un poco bajoneada y me falta motivación, pero en seguida me animé y me dije que igual no teníamos otros planes y que nos haría bien el ejercicio, para variar. Además, en contra del pronóstico, todavía no quería llover y había sol y cielo azul entre las nubes.  Salimos 9.30 de casa. El d...

Como en un espejo

Sabri está dibujando en la mesa de la cocina y yo estoy escribiendo en el sillón. Estamos enfrentadas cara a cara, cada una metida en lo suyo. Ella debe escuchar el sonido de las teclas mientras escribo y yo percibo sus movimientos por encima de la pantalla de la computadora. Hoy se propuso dibujar la habitación enfrente de ella, así que lo que yo veo es su mirada recorrer el living, pasando de un lugar a otro, tan concentrada que no percibe que la estoy mirando. La veo ir de un lado a otro, imagino que mesura las líneas, que repara en detalles, me pregunto qué es lo que ve, ¿que está a punto de trazar en el papel?  ¿La repisa con las plantas, el mueble, el escritorio, la ventana, el sillón? Al principio ,parece que no se decide, tanto vagan sus ojos de acá para allá. Cada tanto se muerde el labio, fija la vista y dibuja, concentrada. Después se endereza, mira la hoja como de lejos, evalúa, borra, vuelve a dibujar y mirar. Mientras piensa en cómo seguir, la vista fija en el papel, ...

Día de mercado

Los martes es el día del mercado en La Guerche de Bretagne.  Un marché (mercado) en Francia es una de las tradiciones que más me gustan. Todo pueblo relativamente grande tiene el suyo y tienen lugar, en general, una vez por semana, a veces dos.  La mayoría son al aire libre, sobre la calle principal y la plaza del pueblo y cada vendedor tiene su carpa, gazebo o caravana donde presenta la mercadería y atiende al público.  Los puestos son muy variados. Siempre suele haber un vendedor de quesos, uno de galettes (por lo menos en Bretaña), uno de frutas y verduras, uno de pescados y puede haber también de pan, de carne, de pasta fresca, de comida francesa, de comida de diferentes nacionalidades (china, española, etc) y a eso se puede sumar además, vendedores de ropa, de calzado, de bolsos y carteras, de sombreros, de muebles usados o no, colchones, bazar, CDs de música, jabones, perfumes, etc. El mercado de la Guerche es de éstos que son grandísimos y tienen muchísimos vended...