Las marcas de las manos en la ropa

 

Hoy pensé en mi abuela. La abuela Luisa, la mamá de mi mamá. 

Me encanta cuando me doy cuenta de algo que puede parecer insignificante me hace pensar en una persona. 
Hoy por ejemplo, pensé en mi abuela cuando estaba en la cocina lavando los platos y me sequé las manos en la ropa, en la parte de atrás del pantalón. 
En mi casa, con tantos hermanos, tanta gente, los repasadores secos siempre eran escasos.
Yo me acostumbré, mientras cocinaba, a secarme las manos en el pantalón o en la remera. A mi abuela parece que le horrorizaba. Cuando me veía la ropa mojada o con marcas de harina, me decía con resignación "¡ya te limpiaste en la ropa!". A veces me veía y se quejaba "esta chica, siempre con la ropa mojada!".
Había veces que me daba vuelta y ya la tenía detrás, acercándose con su paso tambaleante, con un repasador en la mano "tomá, tomá", contenta de haber previsto la catástrofe, de haberla impedido por una vez. "No es nada abuela, es solo agua!", yo no le prestaba demasiada atención, sabía que disfrutaba de tener esas atenciones con nosotros. A mis hermanas les cortaba infinitas milanesas en pedazos chiquitos (y ya eran grandes...), a mi me alcanzaba el trapo para que no me ensucie la ropa. Hasta llegó a regalarme, para alguna navidad o cumpleaños, un par de repasadores o un delantal de cocina.

Si hay algo que siempre pensé que nunca faltaría en mi casa, cuando viviera sola (o sea, sin mi mamá) serían repasadores limpios.
Y acá estoy, varios años después, viviendo sola (o sea, con Sabri, pero sin mi mamá) y efectivamente, aunque no siempre súper limpios, hay dos repasadores en uso, más una toallita para las manos. Y sin embargo, no perdí la costumbre de secarme a veces en la ropa.
Hoy lo hice medio conscientemente y enseguida pensé en mi abuela y me vi de nuevo como una adolescente torpe y apurada con miedo a que la reten, pero que  siente cierto placer en ser atendida y mimada por su abuela.


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