Un día más de confinamiento

 
 

Los días se suceden lentamente uno tras otro durante el confinamiento. Me levanto temprano, hago una rutina de movimientos y enseguida me pongo a escribir. Hay días, como hoy, que no se me ocurre nada que contar, que me parece que no pasa nada nuevo, que me falta imaginación, que dudo de por qué me esfuerzo en hacerlo y sin embargo, me ilusiona de alguna manera poder ser constante y no dejarlo. Y un simple día tranquilo, como cualquier otro, no deja de estar salpicado por pequeños momentos únicos que merecen también ser escritos y rememorados.

A eso de las ocho empieza a clarear. Si está un poco despejado, como hoy, las nubes se tiñen de rosa con los primeros rayos de sol y todo el cielo tiene un color pastel que contrasta con las sombras de los árboles y las casas. Ahora me doy cuenta de que lo que me sorprende de la imagen es que no hay luces. En el campo, a eso de las once de la noche se apagan todas las luces de los municipios, la noche es realmente oscura y la salida del sol se aprecia muy bien.

 

La empresa y la granja parece que se despiertan junto con el día. Se escuchan los primeros autos llegar, y cuando salgo a hacer la foto, escucho también las vacas y siento el olor fuerte a fruta fermentada que hay en el tambo desde que empezaron a combinarse la lluvia y el frio. No sé si es el olor de la bosta de vaca que no llega nunca a secarse o del heno verde ensilado.

A las ocho, al tiempo que amanece, preparo el desayuno. Hoy es un día especial, porque hay brioche que Sabri trajo ayer de la panadería. Esponjoso como ningún otro que haya probado antes y con un aroma a manteca que ya de lejos activa las glandulas salivales, cuando lo corto con las manos, se deshace en tiras de miga filamentosa, signo de que está bien amasado y formado. De sabor un poquito dulce, un poquito salado, desde el día anterior estaba imaginando que lo iba a tomar con una taza de té con leche, y así fue. 

 



 

El resto de la mañana la pasamos tranquilas en el sillón, Sabri dibujando y yo tejiendo, mientras escuchábamos una serie de podcast a la que estamos adictas los últimos días. Se llama Transfert. Lo empecé escuchar hace unos meses, cuando buscaba audios en francés para acostumbrar el oído y me enganché enseguida. Cada capítulo es una historia personal insólita, relatada por los propios protagonistas. Historias de encuentros amorosos, relaciones padre e hijo, enfermedades, y acontecimientos más o menos bizarros que le puedan llegar a pasar a la gente. Nos pasamos horas enteras pegadas en el sillón, cada una en lo suyo escuchando un capítulo tras otro. Tenemos que ir pensando qué otra serie vamos a escuchar cuando se nos acabe ésta.

Un poco después del mediodía salimos a caminar. Nos fuimos hasta el pueblo, porque teníamos que dejar una carta en el buzón. Hacía menos frio del que pensábamos y estaba agradable para pasear. Al salir hablamos un rato con Leo y Felice que tenían problemas con el auto. En el pueblo, el intendente se acercó también para hablarnos sobre los proyectos de la comuna con respecto a la panadería que cerró en el pueblo de al lado. Nos pasamos el resto del camino discutiendo las posibilidades de nuestro futuro proyecto como panaderas. A la vuelta, llegando a casa, charlamos un rato con Bernard, que llegaba con su camión y nos hablaba desde adentro de la cabina, sin apagar el motor y yo apenas escuchaba lo que decía. Contándolo ahora, parece que nuestro paseo fue un buen momento de intercambio social que no nos viene nada mal en estos días.



 




Al llegar a casa y después de comer, me puse por fin a cerrar el par de medias que vengo tejiendo desde hace más de una semana. Son las primeros que hago y me resultaron mucho más difíciles de lo que había pensado, pero las terminé. Un poco grandes y con algunos errores de puntos pero me siento muy orgullosa del resultado y ya me siento preparada para empezar otros y ajustar más algunos detalles. Sabri está chocha con su par de medias nuevo, para andar por casa vienen genial.



Y creo que hasta acá puedo contar los pequeños acontecimientos en un día como cualquier otro en esta vida alternativa que estamos viviendo. Este paréntesis en el tiempo que es el confinamiento. En general se me hace que todos los días son iguales, pero cada uno tiene sus momentos especiales, momentos felices de cotidianidad que hacen la vida más agradable y más dulce.

 



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