Día de mercado
Los martes es el día del mercado en La Guerche de Bretagne.
Un marché (mercado) en Francia es una de las tradiciones que más me gustan. Todo pueblo relativamente grande tiene el suyo y tienen lugar, en general, una vez por semana, a veces dos. La mayoría son al aire libre, sobre la calle principal y la plaza del pueblo y cada vendedor tiene su carpa, gazebo o caravana donde presenta la mercadería y atiende al público.
Los puestos son muy variados. Siempre suele haber un vendedor de quesos, uno de galettes (por lo menos en Bretaña), uno de frutas y verduras, uno de pescados y puede haber también de pan, de carne, de pasta fresca, de comida francesa, de comida de diferentes nacionalidades (china, española, etc) y a eso se puede sumar además, vendedores de ropa, de calzado, de bolsos y carteras, de sombreros, de muebles usados o no, colchones, bazar, CDs de música, jabones, perfumes, etc.
El mercado de la Guerche es de éstos que son grandísimos y tienen muchísimos vendedores de casi todo lo que se pueda imaginar. También plantines e insumos de jardinería, animales de cría (gallinas, patos, conejos), artesanías, y más que seguro me pierdo. Me hace pensar en la exposición de La Rural en Mercedes, pero ésta es más grande y en vez de una vez al año, se hace una vez a la semana.
La mayoría son revendedores y venden cosas que se pueden comprar en cualquier supermercado, ignoro si a mejor precio o no. Parece que antiguamente este tipo de camiones con mercadería recorría las casas y los mercados de pueblo de la campaña. Sabri me contó que a lo de su abuela una vez por semana llegaban los vendedores a la puerta de su casa. Parece que de esta manera se mantuvo hasta estos días a la gente viviendo en los pueblos y sin depender siempre de las grandes ciudades. Hoy, increíblemente, esta manera de comerciar convive con los hiper mercados y las "zonas comerciales" (Imaginen un shopping pero en nivel ciudad, en el que no paseas a pie por los negocios, sino en auto y cada comercio (de ropa, de comida, de deporte, de oficina, de electrónica) tiene el tamaño de un supermercado enorme). La imagen deprime un poco, pero en contraste, existen los pequeños productores y los mercados.
Para nosotras, lo mejor es la oportunidad de poder comprar directamente a los productores, sobre todos los BIO (orgánicos) que aprovechan de poder estar en contacto con los consumidores y vender sin intermediarios.
El de la Guerche nos encanta porque hay muchos pequeños productores orgánicos. Una señora muy simpática que tiene vacas y hace un queso riquísimo, un chico que vende manzanas y peras, una panadería artesanal y tres productores de verduras. Ellos son nuestros principales abastecedores de alimentos y nos permite ver el cariño que tienen por sus productos, saber de dónde vienen exactamente y que están libres de químicos. Pueden tener menos variedades que los otros, pero son de temporada y respetan los tiempos de producción.
Este mercado empieza a las ocho y hay que ir temprano para conseguir estacionamiento, evitar la ola grande de gente y conseguir lo que necesites, porque los productores chicos no tienen grandes cantidades de mercadería. Ahora que empieza a hacer frio puede parecer más fácil ir a la Biocoop (el supermercado orgánico) y comprar todas las cosas en el mismo lugar, encontrar más variedad y depender menos del horario, pero es tan lindo el ambiente y tan importante que sigan existiendo que siento que hay que apoyarlos y hacer el esfuerzo de ir temprano cada martes a conseguir lo que necesitamos.
Con lo del virus y el nuevo confinamiento solo siguen yendo los vendedores de alimentos y el mercado hoy se sentía medio vacío y con menos gente y los cafés estaban cerrados. También, se terminaron las vacaciones, la gente trabaja y los niños van a la escuela así que supongo que en invierno de todas maneras baja la concurrencia, pero en verano el ambiente era de día de fiesta, con los abuelos y los niños haciendo las compras y todos los cafés abiertos. Tomarse un café o un trago es otra costumbre este día y sentarse mirando a la calle y a la gente que pasa.
Lo que a mí me gusta, sobre todo cuando estamos de vacaciones y visitamos pueblos turísticos es comprarme una crêpe con manteca y azúcar o alguna otra cosita dulce y comerla mientras disfruto el paseo.
Hoy no comí nada, hacía frio y conseguí menos cosas de las que esperaba pero en estos días de confinamiento fue una buena excusa para poder salir. Tengo que manejar unos quince minutos para llegar y con el sol resplandeciente que había pude admirar el verde brillante de los campos que contrasta con cómo los árboles de los bordes y los helechos de los bosquecitos se van secando y toman un color ocre. Mientras miraba el paisaje y sentía el fresco de la mañana prendí la radio y la sensación de bienestar fue aún más grande al darme cuenta que podía entender perfectamente de qué hablaban. Es casi mágico como funciona el cerebro, hace unos días, la humedad y los días grises me tenían un poco deprimida, hace unos meses, no entendía nada de lo que decían en la radio y era frustrante. Hoy todo en mi vida es más o menos igual, solo que hay sol y viento fresco, es día de mercado y el campo esta verde brillante y entiendo el francés y me encanta, y me siento feliz.
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