Febrero es el peor mes del año
En mi otro post decía que ya me estaba acostumbrando al invierno acá.
Me retracto.
A estas alturas ya puedo asegurar que febrero es el peor de los meses del año.
Perdí la cuenta de los días que hace que llueve. Porque además, el clima te engaña. No te das cuenta porque las lluvias no son continuas, hay momentos en los que para, en los que sale un poquitito el sol, solo para engañarte, que pienses que no, que no es verdad, que tampoco llueve todo el tiempo.
La realidad es que el nivel de agua sube en todos lados, los arroyos, los estanques, las sanjas. Los charquitos se hacen charcos enormes. Cuando camino en el campo, el suelo esta cargado de agua, y donde hay pasto parece un colchoncito donde los pies se hunden varios centímetros.
Los paseos con Yaku son más un trámite que otra cosa, me preparo mentalemente durante media hora para encontrar la motivación de vestirme con todo el arsenal contra la lluvia. Luego hay que secarla y limpiar la casa con todo el enchastre que deja.
Los sábados en el club preparamos el entrenamiento en el terreno que se arruina cada vez más. Al final de la tarde estamos todos, perros y humanos, llenos de barro hasta las orejas. Visto desde afuera debemos parecer unos locos de remate para pasar toda una tarde así por voluntad propia.
En casa no puedo hacer casi nada fuera. El domingo es el día que más tiempo libre tengo y logro hacer cosas entre dos gotas de lluvia, pero el frio, el viento y la falta de sol no son lo más alentador para motivarme a salir.
Del trabajo mejor ni hablo, dentro de poco ya no nos quedarán actividades de invierno para hacer con los empleados, y la cantidad de agua que hay en el suelo no nos deja empezar a prepararlo para la primavera.
Hoy llegué a casa y me tiré directo en el sillón a leer. Sabri me dijo que tengo cara de deprimida. Me dio lugar para quejarme de todo lo que no va bien con este tiempo de mierda. La lluvia me saca las ganas de hacer…
Ya armé un rompecabezas de 1000 piezas, terminé mi tejido, planifiqué el año… Quiero empezar a hacer cosas en la huerta, ir al club por la tarde, hacer caminatas, poder salir de casa…
En algún podcast escuché que esta depresión general al final del invierno tiene un nombre: Trastorno Afectivo Estacional. Una falta de motivación ligada a la falta de luz y de vitamina D. Y supongo que la tranquilidad social de mi vida francesa no ayuda. Febrero es mi límite de resistencia, no resistiría a un invierno más largo
Me consuelo pensando que en algún momento la temporada va a empezar, que va a ser intensa y que solo me queda aguantar algunas semanas más. Mientras tanto, me fuerzo a empezar una rutina física para volver a sentir los músculos de mi cuerpo, sin olvidar de tomar todos los días mi suplemento de hierro y vitamina D.
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| Un día de esos bien pegajosos, Rita se vino a pasear con nosotras y me devolvió el buen humor. |

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