Yaku
No sabemos muy bien cómo pasó tan rápido, pero hace cuatro días que estamos acompañadas.
Hacía mucho tiempo que lo veníamos hablando. A mí me encanta la vida con perros y Sabri tenía muchas ganas de tener uno también.
Nos veníamos poniendo excusas, varios "todavía no": "todavía no, porque quisiéramos viajar más", "todavía no, porque no tenemos tiempo", "todavía no, porque no estamos tan seguras económicamente".
Pero de un día para otro nos sentimos mejor plantadas. ¿Viajar más? Mucha gente viaja con el perro (hasta con los gatos, y otras mascotas), nosotras también podemos. ¿Tiempo? Tengo por delante cinco meses de trabajo a medio tiempo, y Sabri solo está fuera de casa dos días a la semana, los primeros meses vamos a estar disponibles. ¿Seguridad económica? Bueno, eso en estos tiempo no existe, pero digamos que de a poco estamos llegando a una cierta "estabilidad".
Con estas excusas más o menos resueltas, nos decidimos y empezamos a buscar. Un cachorro, preferiblemente hembra, de raza/cruza golden/border collie/spaniel bretón o algo más chico.
Publicamos en el grupo de facebook de nuestro pueblo, y miramos páginas en internet.
En Argentina hay cachorros que brotan por las paredes, pero acá es un poco más complicado, hay menos perros callejeros. La protectora de animales tiene muchos perros adultos, pero poquísimos cachorros.
Parecía más complicado de lo que pensamos pero al final tuvimos suerte y aunque estuvimos a punto de comprometernos con una asociación y traernos un perrito de la Martinica o Guadalupe, al final una granja vecina se contactó con nosotras para decirnos que le quedaban dos perritas.
Cruce border/collie/beauceron, cuatro meses. Potencialmente más grande de lo que pensábamos, pero la fuimos a ver y nos conquistó, al primer minuto estaba en nuestros brazos.
Esperamos un par de días antes de traerla a casa, para poder preparar las cosas necesarias. Mientras tanto desempolvé mis conocimientos sobre perros de cuando había querido ser adiestradora canina (joven y sin autoestima, muchos me decían que eso no era un trabajo, poco después, los educadores caninos brotaban por todos lados en Argentina...), me puse a leer e informarme, preparamos camitas, compramos alimento, juguetes y correas y en pocos días nuestra nueva perrita estaba ya en casa.
No importa cuanto se intente aprender sobre el tema, creo que un cachorro es de todas maneras una tormenta que por momentos desestabiliza. Hay que ocuparse de sus necesidades, acostumbrarse a una nueva rutina, sacarle a pasear, esperar con ansiedad que se adapte a la nueva casa, que se porte bien, que no haga destrozos...
Yaku pareció adaptarse bien a la casa, aunque con un poco de miedo que se le va pasando con los días. No tiene ningún respeto por la distancia personal, le encanta dormir en el sillón pegada, sino encima, de nosotras. No tiene ni idea de lo que es una pelota y en su primer encuentro con el lago de Martigné, ni siquiera se mojó las patitas. Con el gato se miran desde lejos y ya le arrancó un par de plumas a una de las gallinas...
Por supuesto, me hace pensar mucho en Malena. Todo el día comento las diferencias y similitudes (pobre Sabri...). De cachorra, Malena era más independiente, le fascinaba el agua, corría sola como loca, le encantaba jugar al tira y afloja y traer la pelota. Yaku es todo lo contrario, en realidad se parece más a Mía, confiada con nosotras, miedosa de lo nuevo, muy mimosa, y encima flaca y de patas largas.
Estoy muy contenta de mi horario reducido de trabajo este invierno, porque me había olvidado todo el tiempo que se necesita para educar bien a un cachorro. Una perro simpático, amable, estable en cualquier situación, no se hace solo... pero como con Malena, sé que el esfuerzo da como resultado una compañera fiel y en la que podés confiar en casi todo momento.
Me doy cuenta de que cada perro es distinto y que lo importante no es que sea perfecto, sino aprender los detalles de su personalidad, lo que les gusta y lo que no y lo que podemos esperar de ellos en cada situación, y eso es algo que se crea con el tiempo y los momentos compartidos.
Por el momento, nos la pasamos embobadas con lo linda que es, lo bien que se porta (excepto cuando tira el compost al suelo o hace caca en la cocina...) y hablando el 90% del tiempo de lo que hizo durante el día.
¡Qué rápido cambian las cosas!!
Como el gato, es de color negro y lo malo es que en la mayoría de las fotos solo se ve una mancha oscura uniforme...
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