Un mes después...
Hace mil años que no escribo por acá... cuando veo la última publicación me doy cuenta de la montaña rusa que es la vida. Hoy me siento feliz de nuevo como hace un mes, pero no puedo decir que las últimas semanas hayan sido iguales.
En muchos aspectos sí, y me daba la impresión de que vivía en dos mundos paralelos.
Uno, bien real y conciso, donde iba a trabajar, manejaba el tractor, cosechaba frutillas y envasaba helados, en casa con Sabri teníamos nuestras preocupaciones de huerta, de cortar el pasto, hacer compost y mimar gallinas, la vida de vivir en Francia y conocer gente nueva.
El otro, un mundo inmaterial y absurdo, donde estaban la burocracia francesa, la preocupación casi constante (cuando no estaba en el otro mundo) de no tener mi papel en un futuro cercano, de perder el trabajo, de no poder estar más estables, de correr de acá para allá para hacer fotocopias y conseguir legalizaciones. Un mundo de estrés y preocupaciones.
La sensación me resultaba extraña, tanto que después de un día hermoso de sol pasado en la huerta, me sentía como si estuviera viviendo la vida de alguien más y me daba miedo volver a pensar en la convocación que tenía en la prefectura.
Pero desde hace unos días todo eso desapareció, ya fui a la cita, ya tengo mi papel, ya estoy de nuevo regular para estar en el país. Todavía me dura la sensación extraña de no tener nada por lo que preocuparme, seguida de un alivio inmenso.
Ayer estuve clareando manzanos y trabajando en la huerta. Está empezando a hacer más calorcito. Hoy nos levantamos temprano, hice la masa para una focaccia dominguera y en un rato nos vamos al mercado de Thurie, a reemplazar a Kim, que aprovechó para irse con la familia al mar.
Un mes después la vida vuelve a ser color de rosa y es la mía.
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