Vacaciones en el Morvan y el Jura - Parte 3: En contacto con el agua

Lago de la Abadía
 

 Lo más importante para nosotras si queremos viajar de esta manera es ir a lugares donde haya agua para bañarse. Arroyos y lagos cumplen esta función de manera perfecta. En zonas naturales, el agua está fresca y limpia. En el Jura, el agua de algunos lagos es el que sale de las canillas de las casas. Como nos esforzamos en estacionar y dormir lo más cerca posible de la orilla, instauramos un ritual de baño por las mañanas. Sobre todo en el Jura, dónde no había un solo alma, lo primero que hacíamos, antes de desayunar, era nadar sin ropa en el lago. Había días que hacía 7 grados y entrar era difícil, pero una vez dentro, lo difícil era salir, ya que la sensación del agua limpia y fresca sobre la piel es increíblemente agradable. Después de ese baño matinal me sentía completamente preparada para empezar mi día. De hecho, esta rutina nos gustó tanto que en casa ahora nos damos una ducha de agua fría antes de empezar el día. ¡Totalmente recomendable!

Es una maravilla estar en el medio del lago y, sin importar hacia dónde mires, ver solo agua, árboles y montañas. A veces nadar en esa masa profunda y oscura da un poco de vértigo, pero ver que hay más gente que lo hace nos reconforta y nos hace sentir más seguras. No somos las únicas locas. 

En el Morvan, la cantidad de pescadores parecía desproporcionada al tamaño del lago. La pesca en Francia está muy extendida y la gente muy bien equipada, con trajes especiales, infinitos diseños de botes y lanchas (que no sé cómo funcionan pero no hacen ruido) asientos y tiendas para pasar horas y noches esteras. Eso sí, nunca vi nadie que sacara un pez, pero bueno, quizás tampoco presté demasiada atención, les dejo el beneficio de la duda... 

 

Saint-Agnan. Parece que en ese momento se escondieron los pescadores, pero les aseguro que había muchos.

 

 El agua es turbia y el fondo es de depósitos de materia orgánica y barro, así que resulta súper desagradable para caminar y además me da pánico  pisar una babosa gigante (no sé lo que son pero se ven pegadas a las piedras de las orillas) o un cangrejo de río, que me generan pesadillas porque el año pasado vi varios surgir de la nada en la arena de un arroyo, como en una peli de terror, y no quise volver a meter los pies en el agua. Son especies amenazadas, signo de una zona natural y poco contaminada así que agradezco que podamos compartir el espacio, pero no quisiera pisar uno (pobre de él y pobre de mí si así fuera...)


La primera vez que vi uno pensé que era un escorpión y casi muero. (La foto es de internet)
 

En el Jura el agua está tan fría que es difícil imaginar que haya demasiados animales, y de todas maneras, hasta por lo menos un metro de profundidad se ve claramente el fondo, de piedras puntiagudas que no parecen buen lugar para los cangrejos pero que lastiman la planta de los pies (ya encontramos la solución a estos problemas, unas sandalias de goma que estoy ansiosa por estrenar). No hay botes de pescadores pero igual veíamos cosas de lo más extravagantes. De ya, muy poca gente se baña, solo algunos locales deportistas o gente convencida de los beneficios de un baño helado. 

 

Agua turquesa y trans-pa-ren-te (y helada...)

 

En nuestra playita privada de Étival, había una mujer que llegaba cada tarde con un salvavidas con forma de pingüino que ataba a su cintura con una cuerda y entraba al lago, nadaba un buen rato y después se sentaba a secarse en la orilla mientras hacía crucigramas. Pasados unos días me di cuenta cuánto me impresionaba esa señora de 70 años tan independiente y satisfecha con su salvavidas pingüino y su baño helado ("Prefiero cuando el agua está más fría" nos dijo una vez). De grande quiero ser como ella...

 

La playita privada   


Al atardecer

 

Otro día estábamos sentadas tomando nuestro almuerzo frente al lago de la Abadía, hacía frío y había tanto viento que abrimos el baúl orientado hacia el agua y nos quedamos comiendo en el interior, calentitas y a resguardo, mirando hacia el lago. En un momento una señora con ropa deportiva pasó por nuestro lado, se acercó trotando hasta la orilla y para mi sorpresa, no se detuvo sino que sin aflojar el ritmo (y sin sacarse las zapatillas!), siguió avanzando, adentrándose en el agua, hasta que en un momento se puso a nadar y se perdió de nuestra vista detrás de la curva del lago. Yo estaba muy sorprendida. Y más aún cuando la vi volver corriendo toda mojada y hacer lo mismo: meterse en el agua y alejarse nadando. Lo hizo dos veces más.

 

Lago de la abadía

Será un nuevo deporte híbrido que no conocemos porque después vimos a otros chicos que hacían parecido.

La gente parecía muy deportista y lo entiendo perfectamente, viviendo en un lugar tan maravilloso se debe disfrutar a full de tanta belleza. Me da un poco de envidia hasta que pienso que disfrutan sobre todo del buen tiempo, porque el invierno debe durar más de seis meses y las noticias que llegan este año desde allá es que hay cantidades enormes de nieve. 

De todas maneras, ahora tengo un deseo casi constante de ir al Jura en invierno y ver Étival congelado y lleno de nieve y hacer paseos con raquetas. Pero bueno, sería otro tipo de viaje, porque es seguro que no podríamos hacerlo durmiendo en el auto, ni bañándonos en los lagos ni sobrevivir sin un plato calentito al menos una vez al día. 

 

 


Cascada de Vulvoz


 

Étival al atardecer


Étival al amanecer

 

Bruma matinal en el lago de la Abadía, ¿o es una nube?

Desde el refugio...

 

Y si no es posible bañarse, al menos se ponen los pies en el agua...


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