Fin del desafío 30 días de enero

Llego al final del desafío de des-conexión del celular que estrictamente comenzó el 6 de enero. Estoy muy contenta de habérmelo propuesto y de haberlo terminado de manera exitosa. Nunca había hecho algo así antes y me parece un ejercicio muy interesante para analizarme a mí misma y descubrir de qué manera algunos comportamientos son más modificables de lo que pensaba, solo hay que prestarles un poco más de atención (y tener voluntad para cambiarlos).

 

Puesta en marcha del desafío

Lo más difícil fue el tema de whatsapp. Definir momentos concretos para utilizarlo me costó mucho. En general lo hacía durante el desayuno y al final del día, pero a veces, sobre todo los fines de semana, pasé tiempo en medio de la tarde también, aunque intentaba que fuera para hablar con alguien y no solo para mirar los grupos. No mirar los estados fue muy complicado porque la aplicación te avisa cuando hay nuevos, así que tuve que aprender a no prestarle atención al puntito de la notificación.  

Eliminar la aplicación de Gmail fue una liberación, no más notificaciones en el teléfono (la mayoría son publicidad...) y a veces incluso me olvidaba de controlar los mails. Sino, lo miraba una o dos veces por día en la computadora, cómoda y con tiempo para hacerlo, así que mi correo está ordenado y mi bandeja de entrada vacía. 

A veces notaba que hacía mucho que no veía fotos de alguna persona, acostumbrada a seguirle por las redes sociales, pero a parte de eso, no las extrañé para nada. También fui consciente de hasta qué punto muchas pequeñas empresas solo se comunican por estos medios, como la panadería del barrio, que justo cambió los horarios y fue Sabri la que tuvo que mirarlos en facebook.

 

Sensaciones y apreciaciones

Sobre todo la primera semana experimenté la mayoría de las sensaciones que voy a detallar a continuación, pero a partir de la segunda, todo se hizo más natural y ya casi ni pensé en eso, excepto un domingo de insomnio por haber tomado mucho mate, que al final me sirvió para tejer hasta las siete de la mañana y terminar el par de medias que estaba haciendo.

- Tiempo libre. Hubo varios momentos en la primera semana en los que me pareció que las horas y los días eran más largos. Antes los pequeños vacíos en el día se llenaban de momentos con el celular y como ya no lo podía hacer tenía realmente más tiempo.

- Aburrimiento. No creo que pueda decir que estuve más o menos aburrida que en general, sino que tuve que enfrentarme de distinta manera a esa sensación. Me sentí de nuevo una adolescente jugando con una pelota o dando vueltas por la casa porque no sabía qué hacer. Esta sensación es de las que más me perturbó en un principio pero también la que me pareció la más positiva. Había leído varias veces sobre el inconveniente de que los niños de las nuevas generaciones estuvieran tan estimulados con la tecnología que no se enfrentaran al aburrimiento. Nunca había pensado que podía ser igual para los adultos, pero vivirlo en primera persona me demostró lo hiper estimulados que estamos y lo difícil que es enfrentarse al "¿y ahora qué hago?".

 - Abstinencia. Sobre todo al cuarto o quinto día estuve muy sensible y aunque pueden sumarse otras razones, llegué a la conclusión de que el hecho de dejar el teléfono y no poder mirarlo me ponía un poco nerviosa y me provocaba este sentimiento como de pérdida.

- Más energía, imaginación y disposición para el juego. Al cortar esos actos casi inconscientes con la tecnología aparecieron nuevos comportamientos para canalizar la energía. En general me sentí más alegre y dispuesta al juego, sea con la pelota del gato, sea con las baldosas del living, y me parece que tengo más imaginación.

- Estuve de mejor humor. Cada vez que veía una publicidad en facebook, instagram o gmail me quejaba (aunque sea con un "grrrr"), igual que si veía una publicación que no me gustaba así que supongo que no tener esta fuente de sentimientos negativos contribuyó a que esté más contenta.

- Desapego. Olvidé por varias horas el teléfono en un lugar sin tener la necesidad de mirarlo.

- Conexión con el presente cercano. Este mes nuestra fuente de información y de distracción no fueron otras que las cosas y personas que están cercas físicamente de nosotras. Noticias sobre el virus y la situación mundial nos llegaron interactuando con otros. La comunidad con nuestro alrededor es más importante ahora que me desconecto de la comunidad de las redes. Eso me motiva a conocer gente nueva y a ser más proactiva con ese tema, aunque es cierto que el lugar donde vivimos hace más fácil las cosas, puedo ser bastante tímida y tengo que esforzarme para relacionarme. De la misma manera, sentí más necesidad de hablar por teléfono a Argentina antes que mandar mensajes perdidos por whatsapp, así la conexión es más intensa. 

- Me sentí hiper productiva. Una vez acostumbrada al aburrimiento me pareció más fácil pasar de una actividad a otra, así que muchos días me parecieron súper productivos.


¿Qué hice este mes en lugar de estar con el teléfono? 

- Terminé el libro que estaba leyendo.

- Miré más seguido la guía de aves de Europa

- Empecé y terminé dos pares de medias

- Salí a caminar

- Bailé chacareras en el living

- Conocí nuevas personas

- Cociné

- Escribí (La serie de publicaciones sobre las vacaciones!)

- Hice planificaciones para el año

- Tuve conversaciones profundas e interesantes con Sabri

- Escuché varios podcast

- Estudié para pasar el CODE

- Pensé mucho en la huerta

- Pensamos juntas en el proyecto de panadería

 - Avancé en la limpieza de la casa y el jardín 

 

¿Y ahora qué?

El objetivo de este desafío está casi realizado. Cumplí la meta que me propuse y ahora solo queda ver cómo voy a seguir de ahora en más. El hábito de no mirar las redes sociales todos los días está controlado, aunque supongo que podría volver fácilmente si me descuido.  

A facebook e instagram ya no voy a entrar todos los días, me voy a dar un tiempo más para ver como me relaciono de nuevo con ellos, sino, volveré a desactivarlos. Me gusta compartir algunas cositas ahí, pero quizás termine compartiendo solo en este blog, aunque no sea lo mismo y me olvide de esas aplicaciones. Curiosamente, este mes vi varias veces en páginas de internet publicaciones de bloggers o propuesta de youtube de gente que había eliminado su perfil de las redes y tan contentos.

La aplicación de gmail va a seguir sin estar en mi teléfono, si quiero usarla puedo hacer como con la de instagram, instalarla y volver a desactivarla después.

Los estados de whatsapp seguiré sin mirarlos. Siempre hay nuevos y sigo usando la aplicación, así que esa va a ser una regla que voy a seguir respetando.

Hasta acá mi experiencia durante este último mes, creo que este tipo de des-conexión es algo que todo el mundo tendría que hacer al menos por un tiempo para poder analizar la relación que tenemos con la tecnología. A mí sin duda me pareció súper interesante y lo recomiendo. 

 

 

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