Esta semana nevó

Comenzó el martes por la noche y luego un poco más el miércoles por la mañana.

Estaba anunciado, aunque aprendí a no prestar demasiada atención a los pronósticos, porque cambian todo el tiempo.

Desde el principio sabía que las nieves son improbables en Bretaña, así que no me hacía muchas ilusiones, ni siquiera lo pensaba. De todas maneras, estoy acostumbrada a los inviernos sin nieves, una helada fuerte que deje una capita blanquita ya me emociona. 

No están mal las heladas
 

Pero a principios de enero tuvimos una falsa alarma. Solo había sido una aguanieve fina que no se quedó mucho tiempo en el suelo. Yo estaba decepcionada. Por un momento me había imaginado todo cubierto de blanco, y estar encerrada en casa tomando algo calentito. La posibilidad de que pudiera pasar se me plantó en la cabeza como una semillita que crece de a poquito (porque hace frio...).

Sumado a lo que dije en la última publicación de que ahora quiero ir al Jura en invierno y la conversación con unos amigos de que allá estaba nevando un montón, estaba como una nena a la que se le pincha el globo. 

Sabri, siempre positiva, me decía que no perdiera la esperanza, que todavía podía haber un episodio de nieves en febrero, aunque el resto de la gente parecía bastante escéptica ante esa perspectiva.

Este fin de semana, el mismo día que mi vecina abrigada hasta los dientes en medio del charco de barro en que se convirtió su huerta, me decía que "ya se sentía la primavera", miré el pronóstico y para mi sorpresa vi que anunciaban una baja importante de la temperatura y ¡oh sorpresa! ¡alerta naranja por nieves y heladas! Y en cantidades que no se veían desde 2013.

Desde el martes por la mañana empecé a esperarla, a principios de la tarde cayó un poquito, me emocioné, y después paró. Sabri pudo volver sana y salva a casa, todo genial, pero se terminaba el día y la tormenta de nieve tan anunciada no llegaba. Cuando ya casi había terminado de oscurecer empezó por fin, primero con copos finitos que se derretían en contacto con el suelo, después cada vez más grandes que se acumulaban en el tapial del  jardín. 

Yo estaba tan emocionada que no paraba de entrar y salir de la casa, e intentaba hacer bolas de nieve con lo poquito que podía juntar. No mucha cantidad pero era nieve de verdad. Aunque ya había visto la nieve en otras ocasiones (tres) era la primera vez que la veía, y vivía, caer, porque es un espectáculo más que visual. 

El ruido que hacen los copos al golpear contra el suelo, las plantas o el techo es muy particular. Un crepitar constante casi como el de la madera que se quema, clic, clic, clic. Había un viento que los disparaba en todos los sentidos. Un viento helado, que corta la piel y que si no estás tan emocionada como yo, te da ganas de encontrar un refugio y quedarte hecha una pelotita de calor hasta que todo pase. Los copos son delicados al contacto con la piel y tan livianos que caen bamboleándose entre las corrientes de aire. Si los miraba de frente al viento, parecían gusanitos que se acercaban hasta a mí o, gracias al reflejo del farol, puntos de luz que saltaban hacia mis ojos, como chispas de fuegos artificiales. 

Poco a poco se empezó a acumular una capa sobre el jardín, sobre los techos, sobre el muro. Después paró, y aunque una parte de mí tenía la esperanza de que por la mañana todo estuviera blanco y pudiéramos hacer bolas de nieve y un muñeco por qué no, me sentía ya totalmente satisfecha del espectáculo, un regalo para mi primer invierno en Bretaña. 

Cuando nos despertamos (a las 5 :P) todo estaba casi igual que la noche anterior, aunque cayó un poco más a la salida del sol. Pero cuando Sabri volvió del trabajo me dijo que había nevado mucho más en los alrededores. Mala suerte, nosotras nos quedamos sin hombre de nieve, pero el espectáculo blanco no se fue ese mismo día. Hace tanto frio que el jueves por la tarde, cuando por fin salí con el auto, la nieve seguía casi intacta en muchos lugares, aún hoy, viernes, supongo que los techos que dan al norte seguirán blancos. Otra cosa que no sabía, una sola pequeña nevada decora los alrededores por varios días. 

El papá de Sabri me dijo que cuando él era chico los episodios así eran mucho más regulares, pero a medida que pasan los años se hacen cada vez más raros, hasta el punto de que el año pasado tuvieron un invierno muy dulce. Para la huerta y el campo no está bien, las plantas no se comportan igual y los insectos no cortan su ciclo de reproducción así que hay más plagas y enfermedades en los cultivos. Pero esta primer primavera en el huerto va a estar muy bien, el suelo disfrutó de una buena capa de frio, heladas y nieve. Y nosotras también. 

 

Miércoles por la mañana







El jueves fue el día más frío en lo que va de la temporada. La máxima fue de -1°C. La foto no es de la mañana, sino de la tardecita.


Actualización del sabado: La temperatura no sube de 0° así que esta mañana, oh sorpresa, la nieve sigue ahí, sobre los techos de las casas y la hierba del jardín e igual todavía me emociono cuando sale el sol, abro las ventanas y veo blanco. 

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