Identificando mi dependencia al celular

Hace meses que estoy sin trabajo fijo y que soy dueña de mi tiempo. Esta situación, aunque a veces me bajonea, me permite dedicar mucho tiempo a pensar en proyectos futuros, a escribir (como en este blog), y a hacer actividades que me gustan (limitaciones pandemiales de por medio). No puedo decir que "no hago nada", me gusta mucho el ritmo que tengo y lo disfruto porque sé que en cuanto consiga un trabajo las cosas van a cambiar.

Pero ser dueña de mi tiempo significa que yo misma tengo que ponerme límites para decidir que hacer y concentrarme en algo concreto. Naturalmente siempre va a haber semanas más productivas que otras, pero mi objetivo es poder equilibrar lo más posible esa productividad y acercarla al máximo siempre.

Y acá es donde aparecen las adicciones tecnológicas. Las distracciones que vencen mis resistencias y que sin darme cuenta me hacen pasar media, una, dos horas de mi día mirando facebook o whatsapp (estimados, pero hay días bajón en los que no debo andar lejos). 

No tengo este problema fuera de casa, cuando estoy con gente y muy entretenida con lo que hago. Aparecen más para retardar el hacer cosas de la casa, cuando estoy un poco cansada o en los momentos de relajación entre tareas (o cuando me aburría en el trabajo). 


Enumerando mis tics tecnológicos

Este enero me propuse el desafío de desatarme de estas distracciones, dedicarles menos tiempo (o ninguno, por qué no), no sentir el malestar que me genera perder el tiempo con el celular. Para eso, primero tengo que identificarlas.

A continuación, una lista de mis "adicciones" o "tics" tecnológicos, aunque algunos ya están casi superados porque es algo en lo que vengo trabajando:

- Mirar el mail cada vez que llega un correo. 

- Abrir el whatsapp solo para ver si hay algo nuevo.

- Mirar los grupos de whatsapp cada vez que hay mensajes nuevos, aunque no tenga tiempo para responder o compartir algo.

- Pasar los estado de whatsapp hasta que no quede ninguno pendiente.

- Mirar facebook muchas veces por día y si estoy muy relajada, pasarme varios minutos mirando memes o páginas más o menos interesantes.

- Mirar instagram y de nuevo, ir de un perfil a otro empezando por la página de una panadería y terminando sin saber cómo en la página de una chica rusa que se hace las pestañas acompañada de frases motivacionales. O pasar las historias una tras otra sin prestar realmente atención a cosas que no me interesan en lo más mínimo. 

- Eliminar las publicidades de gmail porque al aparecer en "negrita" parecen correos no leídos.


Inconvenientes y malestares que me generan

Ya redactado así claramente y sin tapujos cómo puedo llegar a perder el tiempo me parece una peli de terror y voy a seguir ahora con los inconvenientes concretos que me generan:

- Mirar incontables publicidades de manera involuntaria. Gmail, facebook e instagram te imponen un montón de publicidades, a la mayoría no les presto atención (pero aunque sea rápido, las veo), otras me hacen sentir perseguida, porque se relacionan con alguna búsqueda que hice anteriormente, y otras son simplemente ridículas. Al principio de estar en Francia parecía que el código de facebook se perdía y no sabía cuales eran mis intereses así que me proponía páginas de ventas de productos chinos ridículamente baratos para resolver problemas bizarros (implantes externos para hacer pis de pie, dientes falsos, vestido para tu rata mascota y lamparas con forma de testículos. Lo dicho, de terror)

- Leer comentarios, títulos de artículos y publicaciones que me generan tristeza o sentimientos violentos. Instagram es más todo vida bonita y color de rosas pero facebook puede ser una distracción para mucha gente frustrada de la vida que utiliza su tiempo para compartir sus pensamientos negativos y sus opiniones tóxicas. Comentarios sexistas, discriminatorios, xenófogos, violentos, individualistas, gente que siempre está en contra de todo, pueden llegar a deprimirme un poco y hacerme perder esperanza en que haya gente buena en el mundo. 

- Ver imágenes de personas hiper sexualizadas. No es que no aprecie mirar gente atractiva semidesnuda, es más, me parece genial que la gente esté satisfecha con su cuerpo y que quiera compartir una foto suya que le gusta. Pero publicar todos los días una foto con los labios fruncidos solo para que refuercen su autoestima me hace pensar en la imagen que se tiene aún de la mujer y me pone triste (La mayoría son mujeres, por lo menos en mi perfil). Es un tema delicado, podría decir que yo también intento reforzar mi autoestima con las cosas que comparto en las redes o con las cosas que escribo en este blog, no soy quien para decirle a la gente lo que tiene que compartir. Lo que es seguro es que a mí personalmente ver a las niñas que conozco con poses provocativas me choca, ver en primer plano los culos de conocides me choca, es un culo nada más, no me parece mal ver un culo, pero el intentar comprender porqué lo hacen me pone triste. Más cuando no hay nada original, todos suben las mismas poses, los mismo ángulos, las mismas sonrisas.

- Desconexión social o del momento presente. Estar con una o varias personas y que cada uno esté mirando su teléfono sin hablar con el otro, o manteniendo varias conversaciones al mismo tiempo sin prestar atención al que se tiene en frente es una de las paradojas de nuestro mundo tan "conectado". Esto me pasaba sobre todo en Argentina, porque los teléfonos inteligentes allá están más distribuidos o porque vivía con mi familia a la que veía todos los días pero quizás no comunicábamos tanto. Acá veo a menos gente y mis conocidos en general no están tan enganchados con el mundo digital. Pero igual puede pasar y es desagradable. 

- Distracción y perdida de tiempo. Si suena una notificación cada cierto tiempo es imposible no ignorarla, querer mirar qué es, quien mandó un mail, leerlo en el momento aunque no tenga tiempo de responderlo, leer veinte mensajes en un grupo de whatsapp lleno de "buenosdías", despejar la mente con aplicaciones sin sentido viendo la vida de gente que si me cruzo en la calle ni me acerco a saludar, pasando historias de productos que un familiar vende en Argentina y que nunca voy a comprar, y etc hasta el infinito. Mucho tiempo perdido en el que podría estar haciendo otra cosa, estar más presente con mi pareja, leyendo, pensando, caminando, haciendo tareas pendientes, acariciando al gato, no sé, miles...

- Dolor de cuello, espalda y manos por la posición en la que miro el teléfono. Y no hay mucha manera de escapar, es casi imposible una posición cómoda para hacerlo. Este año mejoré mucho con mi problema en las cervicales, sobre todo identificando qué me hace mal y una de las causas número uno es el celular, después de estar algunos minutos mirándolo empiezo a notar las molestias.

- Problemas del sueño e insomnio. No es la única causa de mis largas noches en vela, pero no ayuda. Agarrar el teléfono en la cama es una de las peores cosas que puedo hacer si quiero dormirme rápido. El cerebro se despeja pero no se duerme, se vuelve adicto a la estimulación y le cuesta desconectar. 

Supongo que hay más pero estos son los más importante para mí y que me gustaría mejorar. 

 

¿Por qué no elimino todo, tiro mi teléfono a la basura y me voy a vivir a una cabaña en el bosque?

Aunque no lo descarto del todo, lo cierto es que a mí la tecnología me encanta, estamos en el siglo XXI y no sacar provecho de estas herramientas de comunicación sería una pena. No me permitiría estar en Francia y poder seguir en contacto con mi familia y amigas en Argentina, no me permitiría aprender cosas de gente interesante que comparte sus conocimientos en internet. Podría eliminar mi cuenta de facebook e instagram, pero no puedo eliminar mi cuenta de email o de whatsapp. Si no cambio mis hábitos, aún sin algunas de las aplicaciones seguiría teniendo comportamientos compulsivos con otras. Así que en principio no voy a eliminarlas, sino elegir conscientemente los momentos para usarlas y que no sean mi modo de relajación al final del día. 

Quiero tener una relación con facebook al estilo vintage (se puede decir ya eso de facebook?). Cuando recién apareció buscabas a alguien que hacía mucho tiempo que no veías y te emocionabas de encontrarlo, de ver cómo lucía, incluso quizás mandabas un mensaje y se contaban algunas cosas. Me acuerdo de mi mamá haciéndome mirar perfiles de sus compañeros de la secundaria toda emocionada de verlos, de saber si tenían hijos y dónde vivían. 

Quiero entrar a whatsapp cuando tengo tiempo de contestar y sin sentir que estoy en dos lugares al mismo tiempo.

Quiero dejar de depender de los mails que recibo y quiero tener tiempo de clasificarlos y responderlos. 

Sobre todo, quiero que el tiempo que paso con el celular sea realmente un tiempo en el que no podría estar haciendo otra cosa más útil o placentera.

Hasta acá mi auto-evaluación de hoy, en el siguiente post voy a plantear las reglas que me puse para este desafío del mes de enero. 

 

Comentarios

Entradas populares de este blog

Le pays fait son jardin

Malena

Es primavera