Rechazar un trabajo cuando no tenés trabajo
Hace unos meses ya que estoy buscando trabajo, al principio estaba bastante entusiasmada por encontrar algo que me guste y me motive pero a medida que pasaron las semanas y los meses me dije que tenía que resignarme a buscar cualquier cosa que me generara un ingreso y que me hiciera sentir segura en ese sentido, posponer por un tiempo los proyectos personales y conseguir algo que me permita mantenerme.
Así empecé a postular un poco en cualquier cosa que me pareciera que pudiera hacer aunque supiera que me resultaría aburrido o deprimente. Y gracias a que mis amigos me tienen al tanto si se enteran de algo pude tener una entrevista en una escuela para un trabajo de medio tiempo en el área de limpieza. Bastante deprimente (con todo mi respeto por la gente que trabaja en ese sector por la razón que sea), seguramente aburrido y mal pagado, pero cualquier cosa es buena para salir de la espiral de desempleo y poder esperar con tranquilidad que se presenten mejores oportunidades.
Apenas entré a la entrevista supe que probablemente no me iban a elegir. Estaban sorprendidos por mi curriculum y porque quisiera hacer ese trabajo que no tenía nada que ver con mis intereses y mi experiencia. Esa misma noche me mandaron un mail para decirme que no había tenido el trabajo, pero que pasarían mi contacto y me tendrían en cuenta si surgía otro puesto. A los pocos días me ofrecieron un puesto de preceptora en una escuela, quizás más relacionado con mis capacidades, aunque mucho más estresante también que trabajar limpiando suelos. De alguna manera, pensar en ese trabajo me deprime un poco también, pero viendo las ventajas del sistema educativo en Francia (sobre todo las relacionadas con la cantidad de vacaciones y horas libres) me dije que podía hacerlo por un tiempo y seguramente sería un desafío del que aprendería mucho. Fui a la entrevista y esta semana me tendrían que confirmar su respuesta, aunque me enteré también que hay por lo menos otros cinco candidatos así que no estoy para nada segura de que me lo vayan a dar a mí.
Al mismo tiempo y para mi desconcierto, el director me mandó otra propuesta de trabajo en lo que sería (a grandes rasgos) un gabinete de educación especial de la escuela y me invitó enseguida a hacer una jornada de prueba con el equipo. Estar sin trabajo me hace sentir obligada a decir que sí a cualquier propuesta, así que acepté, aun cuando solo con leer la ficha del puesto con todas las tareas a realizar y las cualidades a tener me empecé a estresar un poco. Me inquietaba pensar que en Argentina hay una formación especial para ese tipo de trabajo y me parecía raro que me lo ofrecieran a mí.
Pero bueno, un trabajo es un trabajo, pensé, así que el lunes me presenté a las 8.15 en el colegio para pasar el día en el gabinete, mirando y aprendiendo el trabajo de la persona que tendría que remplazar, el cual consistía básicamente en corregir a los niños con voz de sargento y estar en desacuerdo con sus comentarios la mayoría del tiempo, planear actividades, seguir las clases, y también cumplir encargos de la encargada del gabinete, como hacer el café y plastificar hojas. Durante tres horas acompañamos a uno de los niños a sus clases y lo ayudamos a copiar los ejercicios y a anotar sus deberes, ella autómata, casi desganada, el nene acostumbrado a su trato y yo sintiéndome en la luna. Me pasa muy poco el sentir que alguien me caiga mal desde el principio de la relación, pero al parecer esta mujer no se esforzó para que yo vea desde el primer momento las partes desagradables de su carácter. No entendía cómo después de dejar al niño podía hablarme tan tranquila sobre otras cosas del funcionamiento de la escuela o de su trabajo.
Me pareció dura e insensible.. Pensé en la conversación que había tenido
hacía unos días con Felice, mi vecina, donde me decía que quizás no podría conectar
con Camille como ella pensaba, porque a ella le encantan los animales
como mascotas (el 90% de una conversación con Felice tiene que ver con gatos, perros y caballos) pero él trabaja con los animales y eso le hace tener una
sensibilidad distinta con respecto a ellos. Estoy segura de que Felice tiene razón, y que
al trabajar con adolescentes te pasa lo mismo. Creo que a cualquier persona que trabaje en una escuela no le parecerá tan loco la actitud de
esta mujer. Yo misma tengo varias amigas trabajando en el ámbito de la educación o con niños con necesidades especiales, y ciertamente, cada vez que me hablan de su trabajo lo siento como a años luz de distancia de mi vida o de las cosas que me interesan. Las escucho hablar con el mismo asombro y desconcierto con el que escucho a mis amigas abogadas o con el que miro las noticias. Un mundo paralelo en el que no me dan muchas ganas involucrarme.
Me dije que nunca sería como esta mujer si llegara a trabajar ahí y me arrepentí profundamente de haber perdido la paciencia varias veces con mis hermanos y haberlos tratado mal. Con el resto de los profesores me sentí igual de extraterrestre, y la única persona que me pareció simpática fue una pasante de 21 años que dedica su tiempo libre a ayudar en una asociación de inserción para indigentes que tienen perros. Una divina con la que no tengo nada en común y a los cinco minutos se me habían agotado los temas de conversación.
Desde el primer momento me hicieron entender que si lo quería, ese trabajo ya era mio. Lo que tendría que haberme parecido una buena noticia, me angustió. Lo que me parece raro ahora es que estuve las ocho horas de la jornada intentando convencerme de todas las cosas positivas que tendría ese trabajo, inventando ventajas, haciendo semblante de que entendía todo lo que me decían en jerga educativa y sentándome al lado de niños para hablarles, ayudarles y escribir lo que me decían como si estuviera súper segura de mi francés escrito.
Enseguida supe que si aceptaba ese trabajo, iba a ser un desafío y sobre todo, un sacrificio enorme, porque no tiene nada que ver con ninguna curiosidad que haya tenido en mi vida, pero no me planteé la posibilidad de no aceptarlo, era la única propuesta segura que tenía en meses. A ese punto está codificada la necesidad de trabajo en uno, somos capaces de hacer cualquier cosa a cambio de la seguridad a fin de mes de un sueldo fijo y de unas vacaciones pagas y quizás a veces tiene sentido hacerlo pero hay que aprender a reconocer los propios límites. Yo por lo menos tengo que hacerlo.
Apenas puse un pie fuera de la escuela, me fui casi corriendo hasta el auto y me largué a llorar, libre por fin del semblante de seguridad falso que tuve que aguantar durante todo el día. Me sentía atrapada.
No fue hasta que volví a casa y hablé con Sabri que pude entender que era imposible que yo aceptara un trabajo así, que no tiene nada que ver con mi carácter, que si salía llorando el primer día cómo serían los siguientes, que el ambiente no me correspondía, que ni siquiera podía entender como me habían propuesto un puesto así personas que habían visto mi curriculum, que es mejor trabajar en limpieza que en algo tan estresante, y otra cantidad de argumentos obvios que yo no había podido ver en todo el día estando como estaba con la energía enfocada en conseguirlo. Enseguida escribimos un mail al director para avisarle que no iría al otro día a la segunda semana de ensayo y diciéndole que no tengo la formación necesaria para poder acompañar a los alumnos de la mejor manera posible para ellos. Lo enviamos y me saqué un peso enorme de encima.
Sigo buscando trabajo, sigo viendo como los ahorros se van poquito a poco y sigo teniendo tiempo en casa para estar escribiendo esto, para tejer medias y leer libros e intento seguir pensando en este tiempo como un regalo para estar tranquila, para hacer proyectos a futuro, y sobre todo para aprender dónde están mis propios límites, algo que aparentemente todavía no tengo demasiado claro.
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