Lecturas: Harry Potter
Hace un par de meses podía hacerme la interesante contando sobre mis progresos en la literatura francesa, pero será para otra ocasión porque estas últimas semanas estoy teniendo un retroceso a la adolescencia y estoy leyendo la saga de Harry Potter (en francés, eso sí).
Los libros son de Sabri, pero se los había prestado a Lily, la hija de Kim y Sam, nuestros amigos de la granja. Cuando llegué a Francia y me agarró la cuarentena con angustia por no tener nada para leer y el francés me costaba mucho, habíamos comentado con ellos que quizás estaría bien que intentara con Harry Potter. Como son libros que conozco muy bien en español, sería útil para que progrese con el idioma. Meses después, ya amigada con la lectura en francés, Kim me dio por fin los libros y una tarde me volví a casa con la pila inmensa pensando que sólo iban a servir para ocupar lugar en la biblioteca, que ya nos queda chica.
Si ya estaba leyendo obras súper complejas en francés, Camus, Sartre, Primo Levi... Harry Potter no estaba a la altura!
GRAN ERROR
Caí de nuevo en ellos como en las películas los alcohólicos caen de nuevo en la bebida, o sea, con una sobredosis. El primer día releí el primero, sólo mis partes favoritas, porque para qué iba a leer de nuevo un libro que en mi adolescencia leí por lo menos diecisiete veces (después perdí la cuenta).
Enseguida me dije, «no está mal si leo el sexto, lo leí menos veces y no deja de ser francés, así sigo practicando mi vocabulario». Y encima al principio era difícil, porque muchos nombres propios son diferentes y también algunos pequeños cambios de la traducción lo hacían distinto en algunos detalles. Me sentía un poco indignada de que Hogwarts sea Poudlard y Tom Riddle, Tom Jedusor. «Qué ideas la de estos franceses, que raros suenan los nombres así».
Me acostumbre rápido. En menos de dos semanas ya había leído el sexto y el séptimo, sonreía en mis pasajes favoritos y lloraba lagrimas enormes en los más tristes. Sabri me miraba asustada cuando de repente me veía con los ojos hinchados y sin parar de sonarme la nariz. Me sentí como cuando tenía 15 años y no podía separarme de esos libros, me pasaba horas enteras leyéndolos, totalmente inmersa en el mundo de los magos. Me veo sentada en el suelo del jardín de la casa de mi mamá, en Mercedes, leyendo a toda velocidad a la hora de la siesta, de día, siempre preferiblemente de día, porque a la noche me daba más miedo. No me acuerdo en qué fechas salían a la venta los libros pero ahora me parece que debía ser en vacaciones porque en mis recuerdos, cuando recién llegaban no hacía otra cosa que leer.
Más de diez años después, en la casita de la Rouaudière, volví a tener pesadillas con Voldemort, aunque menos intensas que antes («ya soy grande, che!»)
Cuando terminé el séptimo me sentí con un vacío enorme, me suele pasar cuando termino un libro que me gusta mucho. Los siguientes días me dediqué a releer en detalle los últimos capítulos de "Las reliquias de la muerte".
Dos días más tarde me sentí recuperada. Más liberada, volví a mirar la biblioteca para elegir un libro "serio". Agarré uno de Colette que ya tenía pre-seleccionado y me dije, «ahora sí, ya puedo leer otra cosa».
SEGUNDO ERROR
No llegué a empezar el de Colette, con un bajón de energías previas al período menstrual, volví a mirar casi sin querer la pila de Harry-s y me dije «¡ya fue!» agarré "La Cámara Secreta" y empecé de nuevo. Ahora voy por "El prisionero de Azkaban" y no pienso parar hasta leer de nuevo toda la saga. Después, creo que por fin, me sentiré satisfecha y volveré a leer cosas de persona mayor.
Reflexión aparte: Me inquieta ver cómo mi recuerdo de los libros está viciado por las películas, mientras leo hay cosas que me parece que faltan y en principio pensaba que era por la traducción en francés, pero ahora creo que no, que en realidad mi recuerdo debe ser de las pelis. Así que como si fuera poco, tengo ganas todo el tiempo de hacerme también una maratón, pero fílmica, de Harry. El grupo de whatsapp con mis amigas del colegio se llama "Harry Potar" (entiéndase la pronunciación en inglés británico) y el nombre surgió de una charla en la que hablábamos que esas pelis son tan adictivas que si te las cruzas haciendo zapping es imposible cambiar y no mirarla hasta el final, no importa cuan avanzada esté. Me consuela saber que hay gente que, al menos con lo de las pelis, me entendería.
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